Venezuela: Presente y Destino

Por Antonio Ledezma

Solo el liderazgo de María Corina podrá sacarnos de la crisis
Solo el liderazgo de María Corina podrá sacarnos de la crisis

El suelo de nuestra patria ha temblado, y bajo el polvo de los edificios derrumbados no solo han quedado expuestas las estructuras civiles, sino también las últimas caretas de una tiranía implacable. El reciente terremoto que ha sacudido a Venezuela no ha hecho más que sacar a la superficie, ante los ojos del mundo, los horrores que los venezolanos venimos denunciando desde hace un cuarto de siglo. Dolores profundos que, a menudo, la comunidad internacional no quería o no lograba creer en toda su magnitud.

Hoy, con la prensa extranjera testificando el desastre y rescatistas de decenas de naciones intentando salvar vidas, la verdad ha quedado al desnudo: el régimen venezolano sigue siendo una autocracia criminal, más preocupada por ocultar sus crímenes y cuidar sus parcelas de poder que por socorrer a sus propios ciudadanos.

La captura del dictador evidenció que lideraba el Cartel de los Soles, pero la estructura mafiosa sigue enquistada en el poder, comandada por figuras por quien los Estados Unidos mantienen una recompensa de 25 millones de dólares.

En esta Venezuela sometida a las sombras, donde la policía no está para servir ni proteger y el Estado ha renunciado deliberadamente a garantizar el orden, ha ocurrido un fenómeno sublime y desgarrador: donde no hubo Estado, hubo pueblo. Es la ciudadanía la que ha tenido que imponer el orden en las calles, organizándose no solo para remover los escombros con sus propias manos, sino para impedir que las fuerzas represivas les roben lo poco que les queda. Donde hubo vacío institucional, hubo contenido humano.

El duelo de perderlo todo ha generado una rabia colectiva monumental. Sin embargo, nuestro pueblo ha tomado una decisión heroica: transformar la indignación en resiliencia. La ayuda humanitaria le pertenece legítimamente a las víctimas, y los ciudadanos se han convertido en el canal de confianza técnica y moral para garantizar que el apoyo internacional llegue directamente a quienes sufren, burlando el bloqueo de un régimen que insiste en impedir el auxilio. La reconstrucción del país requiere, de forma obligatoria, una reinstitucionalización profunda. La legitimidad no es un adorno político, es un requisito técnico indispensable para levantar un país desde sus cimientos.

Frente a este escenario de dolor, la estabilidad de la nación no la darán las bayonetas, sino la gente organizada. Y el único liderazgo al cual los venezolanos están dispuestos a seguir de manera inequívoca es el de María Corina Machado. Quienes temen un estallido social incontrolable dentro y fuera de nuestras fronteras deben escuchar con urgencia: María Corina es la garantía de una transición ordenada. Su rol en esta hora crucial no es meramente resolver lo práctico, sino dar sentido al desconcierto, escuchar el llanto de las madres, abrazar a los desamparados y canalizar la justa rabia de un pueblo indignado hacia la construcción de un nuevo orden democrático. Ella representa la contención de un desenlace violento que nadie desea. Facilitar su entrada y consolidación en Venezuela es evitar que el país se convierta en un gran Haití: un territorio fallido, bajo tutela externa constante, que lejos de asegurar el equilibrio regional se transforme en un peligro geopolítico por los actores criminales que operan en su suelo.

Nuestra mirada internacional se mantiene firme. En medio de esta catástrofe, mantenemos una comunicación y relaciones al más alto nivel con los Estados Unidos. Hemos estado y seguimos alineados en temas y acciones estratégicas. Hoy, la conversación con nuestro principal aliado se centra exclusivamente en lo urgente: la gente, la urgente reconstrucción del país sumido en la tragedia y la recuperación de nuestra democracia. A las puertas de los 250 años de su Declaración de Independencia, el gran país del norte debe defender los valores de libertad que lo fundaron, manteniéndose del lado de quienes compartimos esos mismos principios de dignidad y civilidad en Occidente.

La tragedia nos golpea con fuerza, pero el destino de Venezuela no es la oscuridad. María Corina Machado va a regresar para reconstruir, para unir, para abrazar y para avanzar. La tiranía pretendió sepultarnos, pero olvidaron que somos semilla. El presente es de lágrimas y lucha; el destino ineludible es la libertad.