¡De que se van, se van!

Por Antonio Ledezma

Estados Unidos aumenta a $50M recompensa por el jefe del Cartel de los Soles

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Venezuela, tierra de libertadores, hoy clama con un rugido ensordecedor: ¡Se van, se van! Nicolás Maduro y su tiranía, atrincherados en el poder que usurpan, enfrentan el ocaso de su régimen. El incremento de la oferta de 50 millones de dólares por la captura del dictador Maduro, no es una quimera, no es un sueño vano. Es la certeza forjada en la lucha incansable de un pueblo que no se rinde, que no se doblega, que ha acumulado victorias tras victorias en esta batalla épica contra una corporación criminal que ha secuestrado la nación. Un pueblo que no ha tenido complejos ni falsos orgullos para confesar que solos no podemos reducir a esa demoniaca corporación criminal.

¿Por qué decimos con tanta convicción que se van? Porque el trabajo se ha hecho. Cada protesta, cada grito en las calles, cada lágrima derramada, cada venezolano que desde el exilio alza su voz, ha sido un ladrillo en el muro de la resistencia. Nuestra lucha no ha sido estéril, mucho menos inútil. Hemos logrado que el mundo voltee sus ojos hacia Venezuela, que la comunidad internacional reconozca lo que Maduro representa: una amenaza global, un engranaje clave en el eje del mal que conspira contra la estabilidad del hemisferio y más allá. Su régimen no solo oprime a un pueblo; es un peligro que trasciende fronteras, alimentado por el narcotráfico y la complicidad de redes criminales que inundan de cocaína los espacios del viejo continente y amenazan incluso el territorio estadounidense.

Hoy, Venezuela cuenta con un liderazgo legítimo, encarnado en María Corina Machado y Edmundo González, dos pilares de esperanza que han unido a millones bajo una sola bandera: la libertad. Su valentía ha galvanizado a una nación que ya no teme, que ya no calla. Frente a ellos, Maduro y su cúpula tambalean, sostenidos solo por la represión y el miedo, pero cada día más solos, más débiles, más expuestos.

Estados Unidos ha comprendido que está en la mira de este eje del mal, donde Maduro juega un papel estelar. La Casa Blanca sabe que la seguridad de su pueblo está en juego mientras este régimen persista. El coctel letal de terrorismo, cocaina, fentanilo, bandas criminales, tráfico de oro, corrupción y saqueo, lavado de dinero para financiar a sus enclaves y facilitar territorios venezolanos para eventuales operaciones militares de Iran, Rusia,Cuba y carteles de drogas de Colombia y de Mexico representa la inseguridad e inestabilidad de nuestro hemisferio. Ahora, le toca a la Unión Europea apretar el cerco. No puede seguir tolerando que la tiranía madurista inunde sus calles de droga y desestabilice sus sociedades. Europa debe actuar con firmeza, con sanciones más duras, con un rechazo contundente a esta narco-dictadura que no respeta fronteras ni valores.

Y a los militares venezolanos, un llamado que resuena con la fuerza de la historia: es hora de elegir. Sean leales a la Constitución Nacional, a la patria que los vio nacer, o quédense como lacayos del Cartel de los Soles, un camino que los conducirá inevitablemente a años de cárcel y al desprecio eterno de un pueblo. La decisión es suya, pero el tiempo se agota.

Estamos más cerca que ayer de liberar a Venezuela. Lo sentimos en el alma, lo vemos en el horizonte. Lo haremos con la pasión de quienes anhelan volver a casa, con la ilusión de reconstruir un país fracturado, de reunir a nuestras familias dispersas por el mundo, de transformar a Venezuela en la nación más próspera de América. No es un sueño, es una promesa. Y con la fuerza de un pueblo unido, proclamamos con certeza: ¡De qué se van, se van!