El 5 de Julio, Eje de la Lucha Venezolana

Por Antonio Ledezma

El 5 de Julio, Eje de la Lucha Venezolana

El 5 de julio de 1811 no es solo una fecha en el calendario de Venezuela; es el latido que resuena en cada capítulo de nuestra historia, el hilo conductor que une los anhelos de libertad con los sacrificios de un pueblo indomable. Su génesis se encuentra en los planes visionarios de Gual y España, en las intrépidas acciones de Francisco de Miranda, quien con su audacia sembró la semilla de la emancipación. Está en la valentía de Francisco Salías, llevando del brazo al capitán Emparan al balcón del Cabildo el 19 de abril de 1810, y en el dedo decisorio del cura Madariaga, que señaló el rumbo de la rebeldía frente al yugo colonial. Ese día, el pueblo venezolano alzó su voz para reclamar su derecho a la autodeterminación, sentando las bases de la Independencia que el 5 de julio cristalizaría con la declaración de una nación soberana.

El 5 de julio es la prolongación natural de aquel 19 de abril, la afirmación de una Venezuela que decidió romper las cadenas de la opresión. Es la materialización de las reflexiones de Simón Bolívar en el Chimborazo, donde vislumbró la grandeza de una América libre, y de su juramento en el Monte Sacro, donde se comprometió a no descansar hasta ver rota la tiranía. El 5 de julio es la Primera República, un experimento valiente que, aunque cayó, sembró las semillas de la lucha futura. En su derrota, Bolívar, desde el Manifiesto de Cartagena, reflexionó con lucidez sobre los errores y las esperanzas, trazando el camino hacia la libertad definitiva.

Este día sagrado del 5 de julio inspiró la Campaña Admirable, esa gesta heroica que cruzó los Andes para recuperar la patria. Está presente en cada batalla que marcó nuestro destino: en La Puerta, en La Victoria, en Mucurita, en Las Queseras del Medio, la batalla naval del lago, o la de Urica en donde Zaraza partió en dos la historia con su lanza. Está en el Pantano de Vargas, en Boyacá, en Pichincha, en Junín y en Ayacucho. Y, por supuesto, en Carabobo, donde la victoria selló el sueño de una Venezuela soberana. El 5 de julio no solo vive en las espadas y lanzas de los soldados, sino, fundamentalmente, en la pluma civilizatoria de Juan Germán Roscio, cuya redacción del Acta de Independencia dio forma jurídica al anhelo colectivo; en la sabiduría de Andrés Bello, que con sus ideas forjó los cimientos culturales de la nación; en el idealismo de Luis López Méndez; y en la rectitud de José María Vargas, símbolo de la virtud republicana.

El 5 de julio resuena en el Decreto de Guerra a Muerte, reflejo de la determinación frente a la tiranía; vibra en los párrafos de la Carta de Jamaica, donde Bolívar delineó el futuro de una América unida; se encuentra en el armisticio de 1820, un momento de tregua que abrió paso a la consolidación de la Independencia. Está en la aventura de la Expedición de los Cayos; se reproduce años tras año en la sobrevivencia del Libertador a los viles atentados en su contra en el Rincón de Los Toros en calabozo, al frustrado apuñalamiento en Jamaica aquel 10 de diciembre de 1815,  o al traicionero complot de aquella noche septembrina de 1828 en Bogotá. El 5 de julio vibró en el Congreso de Angostura, con ese memorable discurso en donde se forjaron las ideas de una nación justa y republicana, y en los inevitables sacrificios de Manuel Piar y Juan José Padilla, mártires de la libertad. El 5 de julio está en los sueños y delirios de la Gran Colombia, ese proyecto visionario que buscó unir a los pueblos de América.

El 5 de julio cruzo las controversias de La Cosiata y las arteras felonías. El 5 de julio fue también llanto aquel aciago día que vivió Bolivar al enterarse del asesinato del Gran Mariscal de Ayacucho. El 5 de julio sigue flotando en ese último suspiro, en ese postrero aliento del padre de la patria en su lecho de muerte en Santa Martha.

El 5 de julio no es solo un eco del pasado; es una fuerza viva que sigue resonando en nuestra historia reciente. Lo vimos en la épica de las primarias gloriosas del 22 de octubre de 2023, cuando el pueblo venezolano, una vez más, se levantó para defender su derecho a decidir. Lo sentimos en la epopeya del 28 de julio de 2024, cuando la voluntad de cambio se impuso frente a la adversidad. El 5 de julio está ayer, hoy y en cada alborada. El 5 de julio lo encarnan nuestros presos políticos, los millones de desterrados que añoran retornar a la patria entrañablemente amada. El 5 de julio es la voz de un juramento que nos compromete, un llamado eterno a luchar !hasta el final! por la libertad, la justicia y la dignidad. Es la promesa de un pueblo que no se rinde, que lleva en su corazón la llama de la Independencia y que, con cada paso, honra el legado de Bolívar, de Miranda, de Roscio, de Bello, de Gual, de Vargas y de todos los que dieron su vida por esta tierra. El 5 de julio no es solo una fecha; es el alma de Venezuela, un compromiso inquebrantable con un futuro libre al grito de !Hasta el final!