A la venezolana: principios de resistencia y lucha por la libertad

Por Antonio Ledezma

En pie de lucha, ¡a la venezolana!
En pie de lucha, ¡a la venezolana!

Digámoslo clarito: en medio de esta larga noche de oprobio, los venezolanos no solo hemos resistido; hemos acuñado principios. No se trata de consignas vacías ni de frases de ocasión. Se trata de pensamientos que, han venido a convertirse en declaración de principios y en renovación del irrenunciable compromiso de luchar por la libertad de Venezuela.

Hablo desde la experiencia de una lucha que ha sido, al mismo tiempo, personal y colectiva; desde la certeza de haber visto a un pueblo, tantas veces golpeado, mantenerse al pie del cañón con una dignidad que no admite rebajas ni componendas. En ese contexto, frases como “hasta el final” adquieren una dimensión que trasciende lo electoral. No fue, ni por asomo, una arenga circunstancial. Fue —y es— la síntesis moral de una conducta. Y es allí donde emerge una expresión que define toda esta gesta: “a la venezolana”.

Porque fue a la venezolana como se organizaron las elecciones primarias de 2023, una hazaña cívica que deslumbró al mundo entero. Sin recursos del Estado, sin tutela institucional y enfrentando amenazas, millones de ciudadanos acudieron a votar en más de tres mil centros, dentro y fuera del país, para consagrar un liderazgo legítimo e indiscutible. Aquello no fue un evento electoral más; fue una demostración de músculo ciudadano, de organización espontánea y de fe en la democracia.

Fue también a la venezolana como se tejió esa red formidable de los llamados “comanditos”: una gigantesca cadena humana, con aros articulados con inteligencia y mística, para defender el voto, movilizar conciencias y custodiar la voluntad popular. Más de 64.000 de estos núcleos se desplegaron como una verdadera capilaridad cívica en todo el territorio nacional. Eso es resiliencia convertida en estrategia.

Y fue, igualmente, a la venezolana como se produjo uno de los episodios más impactantes de esta lucha: la recolección de las actas electorales. Frente a la opacidad del narcorégimen, los ciudadanos, con disciplina y coraje, lograron resguardar y sistematizar una abrumadora mayoría de las actas, demostrando el soberano triunfo de la fórmula encabezada por María Corina Machado y representada por Edmundo González Urrutia.

Conviene subrayarlo: eso no fue improvisación. Fue organización cívica elevada a la categoría de proeza histórica. Porque cuando el aparato del poder pretendió ocultar la verdad, emergió la verdad institucional, sostenida en documentos, en pruebas, en actas que hablan por sí solas.

También fue __a la venezolana __como Edmundo González logró ponerse a salvo, burlando —con serenidad y firmeza— la arremetida de un régimen dispuesto a encarcelarlo. No fue una huida de un ser amilanado; fue una jugada de inteligencia política, una maniobra legítima para preservar una voz que representa el mandato de millones. Se les escabulló —como decimos en buen criollo— a quienes pretendían silenciarlo mediante el atropello.

Y mientras tanto, dentro del país, la lucha también se reinventó a la venezolana. Frente al terrorismo de Estado, frente a la persecución sistemática, surgió una nueva etapa de resistencia: la del resguardo, la del sigilo, la del clandestinaje necesario para proteger liderazgos y preservar la causa. Una ciudadanía resuelta, valerosa, que no ha dicho esta boca es mía cuando se trata de aplicar tácticas para seguir enfrentando a la ignominia, pero que sabe cuándo actuar con prudencia para no caer en las garras de esa corporación criminal. Es que esto es medular: estamos frente a una lucha existencial.

Y en esa lucha, los venezolanos hemos aprendido a organizarnos sin permiso, a resistir sin rendirnos, a avanzar sin claudicar. “A la venezolana” no es solo una forma de hacer las cosas. Es una identidad en resistencia. Es creatividad frente a la adversidad. Es dignidad en medio del envilecimiento. Por eso, hoy más que nunca, conviene reafirmarlo: __A la venezolana seguimos en pie de lucha. __Dentro y fuera del país. Con María Corina Machado al frente de una causa que no se negocia. Con Edmundo González como expresión de un mandato popular indomable. Y con millones de venezolanos empeñados en honrar la voluntad expresada el 28 de julio de 2024, una fecha que no pertenece al calendario del régimen, sino a la memoria viva de un pueblo que decidió ser libre. Porque aquí no hay espacio para rendiciones. Aquí hay un país que decidió avanzar…

¡Hasta el final!