¿Dónde está Marino?
• Por Antonio Ledezma
¿Dónde está Marino?
Por: Antonio Ledezma
Madrid, 23 de abril de 2026
La pregunta no es solo un grito de auxilio de una madre bloqueada en redes sociales por un fiscal indolente; es una bofetada a la conciencia jurídica del mundo. ¿Dónde está Hugo Enrique Marino Salas? Han pasado siete años desde aquel 20 de abril de 2019, cuando este buzo profesional e ítalo-venezolano aterrizó en Maiquetía para no ser visto nunca más.
El patrón es aterrador y tristemente conocido. Recientemente, el asesinato de Víctor Hugo Quero, otra víctima de la maquinaria de desaparición forzosa, nos recuerda que en Venezuela el silencio del Estado no es olvido, es una sentencia. A Quero lo desaparecieron para luego devolverlo sin vida; a Marino lo mantienen en un limbo de sombras que la dictadura pretende perpetuar.
Los hechos son irrefutables y están documentados por la CIDH (Resolución 54/2019) y el Instituto CASLA. Hugo fue detenido por el DGCIM, el brazo ejecutor que responde directamente a la cúpula de Miraflores. Durante un suspiro de días, en los sótanos de Boleíta, aceptaron comida para él. Luego, el portazo: “aquí no está”. Desde entonces, el rastro se pierde en un expediente que los tribunales dicen que “está desaparecido”, una ironía macabra para un hombre cuya vida misma ha sido borrada de la faz pública.
La crueldad no tiene límites. Mientras la justicia italiana abre investigaciones y la ONU exige respuestas, el régimen de Maduro calla. Han llegado al extremo de intentar extorsionar a la familia con mensajes de texto fraudulentos y de mantener activo el teléfono personal de Hugo ---en manos de sus captores--- con fotos de desconocidos. Es un sadismo de Estado que busca quebrar la voluntad de quienes, como su madre Beatriz, no han dejado de preguntar un solo día por su paradero.
Como exiliado en Madrid, pero con el corazón en las celdas de mi país, alzo la voz por Hugo Marino. No podemos permitir que su nombre se convierta en una estadística más de la barbarie. Su caso, presentado ante la Corte Penal Internacional, es una prueba viva de que en Venezuela no hay justicia, sino una corporación criminal que utiliza la desaparición como arma política.
¿Dónde está Marino? La respuesta la tienen quienes usurpan el poder, los mismos que hoy ignoran las medidas provisionales de la Corte IDH. Pero que lo sepan bien: el mundo no dejará de preguntar. La memoria es el primer paso hacia la libertad, y la justicia, aunque tarde, siempre encuentra el camino de regreso a casa.
Antonio Ledezma