¡Un General de Verdad!

Por Antonio Ledezma

General Ramón Lozada Saavedra, un general de verdad
General Ramón Lozada Saavedra, un general de verdad

La reciente excarcelación del General de División de la Guardia Nacional, Ramón Antonio Lozada Saavedra, nos obliga a reflexionar sobre el destino de la institución militar venezolana. Su caso es el espejo de una tragedia nacional, pero también el testimonio vivo de que la dignidad no se puede encarcelar. Tras casi diez años de injusto cautiverio, incluyendo cuatro penosos años confinado en un hospital militar batallando contra la diabetes, la hipertensión y los rigores de un encierro implacable, el General Lozada Saavedra regresa a la libertad con la frente en alto.

Hubo un tiempo en que la Fuerza Armada Nacional de Venezuela era sinónimo de institucionalidad, profesionalismo y respeto a la Constitución. Los oficiales se formaban bajo la premisa de defender la soberanía y servir a todos los ciudadanos, sin distinciones políticas. Era una institución respetada, cuyo prestigio se cimentaba en el mérito, la disciplina y el amor a la patria. Lamentablemente, esa historia de honor fue sistemáticamente desmantelada. Hugo Chávez y sus cómplices ejecutaron un plan deliberado de politización forzada, degradando el honor militar para convertir a los cuarteles en apéndices de un partido. Introdujeron consignas extranjeras, sustituyeron la meritocracia por la lealtad ciega al régimen y fracturaron la cadena de mando.

Hoy, la institución armada sufre las consecuencias de esa perversa manipulación, que ha transformado la misión constitucional en una herramienta de control social y represión. El General Lozada Saavedra representa justamente la antítesis de esa degradación; él encarna al oficial de la Venezuela institucional. Su hoja de servicios es brillante e impecable. Destacado por sus altos méritos académicos, demostró un desempeño sobresaliente en cada una de las posiciones de comando que asumió a lo largo de su dilatada carrera militar. No ascendió por complacencia ni por militancia partidista, sino por su capacidad, su liderazgo técnico y su entrega al uniforme de la Guardia Nacional. Precisamente por ser un soldado de la República y no de una parcialidad política, terminó convertido en víctima de la intolerancia oficial.

El régimen persigue con saña a los oficiales honestos porque su sola presencia evidencia la corrupción del sistema. Sin embargo, el cautiverio del General Lozada Saavedra dejó una lección imborrable. Soportó crueldades, aislamiento y el deterioro progresivo de su salud con un coraje admirable. Demostró ante el país y ante sus propios custodios que el verdadero poder de un soldado no radica en su arma de reglamento, en los tanques o en las prebendas del poder. Su verdadero poder reside en sus valores morales, en sus principios éticos y en una fe inquebrantable que jamás llegó a pactar ni a doblegarse ante la tiranía.

Esta liberación, aunque nos llena de alivio, no debe hacernos olvidar la persistente crueldad del sistema. Es imperativo levantar la voz con fuerza para presionar y exigir que, de una vez por todas, terminen de liberar a todos los militares que hoy se mantienen injustamente en las prisiones del régimen. Estos oficiales son víctimas de una persecución despiadada. Delcy Rodríguez, como figura central del aparato represivo de esta dictadura, actúa como su carcelera directa; ella y su cúpula tienen en sus manos las llaves de esos ominosos centros de tortura donde se pretende quebrar la moral de los uniformados dignos. Es hora de que se ponga fin a esta infamia, de que estos valientes militares recuperen su sagrada libertad y de que sus familias ---que han padecido un calvario insufrible al ver a sus seres queridos tras las rejas--- puedan finalmente reencontrarse con ellos en un abrazo de justicia.

La libertad del General Lozada Saavedra no borra los años de injusticia, pero enciende una luz de esperanza para el futuro de nuestras fuerzas armadas. Su ejemplo demuestra que la reserva moral de la institución militar sigue viva en el pecho de los hombres y mujeres que se niegan a vender su honor. Para reconstruir a Venezuela, necesitaremos rescatar esa doctrina de respeto a la ley y al ciudadano. Hoy, al ver el coraje de este oficial, podemos afirmar con orgullo y certeza que Ramón Antonio Lozada Saavedra es, y será siempre, un general de verdad.