Mucho petróleo y excelente talento humano

Por Antonio Ledezma

Talento venezolano triunfa en todo el mundo
Talento venezolano triunfa en todo el mundo

Venezuela es universalmente reconocida por el mapa de sus riquezas materiales. Las mediciones globales siempre nos ubican en los primeros puestos al hablar de reservas petroleras, de las vetas de oro que esconde el Arco Minero, del gas, del coltán y de un sinfín de minerales estratégicos indispensables para las industrias del futuro. Sin embargo, la mayor paradoja de nuestra historia contemporánea es que la riqueza no se mide en barriles de crudo guardados bajo la tierra, sino en las capacidades de la gente que camina sobre ella. Nuestra verdadera e inagotable fortuna no es mineral; es humana.

Es imperativo rescatar una verdad histórica que el relato populista ha querido sepultar: el milagro del desarrollo humano venezolano no fue un accidente. Fue el fruto directo de los tiempos de la democracia. Durante las décadas de libertad republicana, el Estado venezolano sembró el petróleo en escuelas, liceos y universidades de vanguardia. Se crearon programas icónicos de becas internacionales (Gran Mariscal de Ayacucho) que permitieron a miles de jóvenes formarse en los centros académicos más exigentes del planeta, para luego regresar y fundar industrias, laboratorios y dirigir centros de salud que fueron la envidia del continente. La democracia entendió que para modernizar el país, primero había que capacitar a sus ciudadanos.

Hoy, la tragedia de la tiranía ha dispersado esa formidable fuerza intelectual y laboral por los cinco continentes. Pero en medio del dolor del desarraigo, ha emergido un fenómeno extraordinario: la diáspora venezolana está prestigiando nuestro gentilicio a escala global. Ya no somos solo un país que exporta crudo; hoy exportamos excelencia, resiliencia y conocimiento.

El mapa del talento venezolano actual es tan vasto como inspirador. Encontramos a científicos, ingenieros, educadores, artistas, deportistas, emprendedores y médicos formados en nuestras universidades públicas liderando complejos procedimientos en hospitales de prestigio y desarrollando investigación científica en laboratorios de Europa y Estados Unidos. Vemos a creativos, directores, actores y técnicos brillando en las grandes pantallas de los estudios de cine y televisión internacional. Paralelamente, una legión de hombres y mujeres lidera el ecosistema del emprendimiento tecnológico, comercial y gastronómico, dinamizando economías locales desde Madrid hasta Santiago de Chile, pasando por Miami y Bogotá.

Donde quiera que llega un venezolano con su maleta de sueños, siembra una semilla de trabajo, creatividad y decencia. Ese talento humano en el exilio no ha perdido su cordón umbilical con la patria; al contrario, acumula una experiencia global invaluable que será el motor definitivo para la reconstrucción nacional.

Cuando la libertad retorne y logremos reinstitucionalizar el país, el petróleo y los minerales serán un soporte financiero de transición, pero el verdadero milagro de la Venezuela del futuro lo firmará su gente. Tenemos mucho petróleo, es verdad, pero nuestro pasaporte definitivo al desarrollo sostenible es el excelente, indomable y brillante talento de nuestros ciudadanos.