El régimen es el reducto y la cúspide del aparato delincuencial que secuestró a Venezuela

Por Antonio Ledezma

El Niño Guerrero, cabecilla del Tren de Aragua
El Niño Guerrero, cabecilla del Tren de Aragua

Lo que hoy padece nuestra sufrida Venezuela no es una simple crisis política; es la metástasis de un Estado criminal que ha entregado la soberanía nacional a las corporaciones del delito. La confirmación de la «baja» del Niño Guerrero no es el éxito de una política de seguridad, sino el reacomodo de las mafias que no serán amparadas como piezas de un protectorado.

Mientras el régimen monta simulacros comunicacionales, la verdad dolorosa se desborda en el Arco Minero del Orinoco: una herida abierta en el corazón de nuestra Guayana, donde la explotación irregular de nuestras riquezas se paga con sangre inocente, ecocidio y un dantesco tráfico de personas que esclaviza a nuestros compatriotas. Aquello que comenzó como un proyecto político bautizado como “Brisa Bolivariana”, devino en una corporación transnacional del crimen organizado, experta en el blanqueo de capitales de origen oscuro y en la perpetración de múltiples delitos, entre ellos secuestros, extorsión y sicariato, como el ejecutado en Santiago de Chile contra el teniente Venezolano Ronald Ojeda.

La historia de esta tragedia es la de una degeneración armada. El andamiaje represivo que originalmente se articuló a través de los Círculos Bolivarianos, y que luego mutó en el terror de los Colectivos y las milicias, terminó fusionándose irremediablemente con el pranato carcelario, los carteles de la droga y las bandas de la extorsión y el sicariato. Rompieron las fronteras entre el Estado y el hampa. Por eso, cuando personeros como Diosdado Cabello pretenden engañar al país asegurando cínicamente que «ya no hay pranes en las cárceles», la respuesta del pueblo es unánime y categórica: claro que ya no están solo en las cárceles, ahora despachan desde los ministerios y se pavonean por los pasillos de Miraflores.

El régimen es el reducto y la cúspide de ese aparato delincuencial que secuestró a la República. Queda evidenciado que el gobierno de Washington no protege a los responsables de esos desmanes que se vienen cometiendo dentro y fuera del territorio nacional, desde que fueron organizados con el estandarte de “Brisa Bolivariana”, que tenía como despropósito generar desajustes en territorios extranjeros, llegando a desafiar a las autoridades de los Estados Unidos.

Ante esa corporación de la tiranía, la reserva moral de los venezolanos nunca se quebró: seguimos de pie, denunciando al mundo esta corporación mafiosa y labrando el camino para rescatar la justicia, la dignidad y la verdadera paz de nuestra nación.