No olvido el consejo del expresidente Aylwin: aseguren una fecha de elecciones y lo demás vendrá después
El exalcalde metropolitano de Caracas cuestiona la exclusión de Machado del diálogo y afirma que cualquier negociación debe partir con un calendario electoral definido.
• Por Antonio Ledezma
Entrevista publicada originalmente en El Mercurio (Chile) el 5 de agosto de 2026. Por Eva Luna Gatica.
Crítico del chavismo desde sus inicios y una de las caras más visibles de la oposición venezolana ---una postura que incluso le costó pasar dos años detenido, entre 2015 y 2017, antes de partir al exilio en España---, Antonio Ledezma, el exalcalde metropolitano de Caracas, es hoy uno de los políticos más cercanos a María Corina Machado y Edmundo González Urrutia como coordinador de su Consejo Político. Es por eso que también se ha convertido en una de las figuras más críticas del actual proceso de diálogo entre el gobierno interino de Delcy Rodríguez y un sector de la oposición encabezado por la exdiputada Dinorah Figuera, por dejar fuera a la principal líder opositora y por la opacidad que rodea al proceso.
En ese contexto, el abogado y político de 71 años recuerda en esta entrevista con «El Mercurio» una conversación que sostuvo con el expresidente chileno Patricio Aylwin (1990-1994) durante una visita a Santiago en 2010. «Aseguren una fecha (de elecciones) y lo demás vendrá después», recuerda que le aconsejó el exmandatario, quien también le dijo que para crear la Concertación en Chile «fue necesario, a veces, estar dispuestos a renunciar al derecho a tener razón».
Más allá de los acuerdos, Ledezma, quien también fue senador y diputado antes de la llegada de Hugo Chávez (1999-2013) al poder, insiste en que cualquier negociación con el oficialismo solo será creíble si antes el régimen da señales concretas de buena fe, «como la liberación de todos los presos políticos y el retorno seguro de los exiliados».
---¿Cuál es su evaluación del arranque del proceso de diálogo en Venezuela?
«Es evidente que no ha comenzado con buen pie, porque no ha terminado de arrancar lo que se anunció con fecha cierta y lo que cunde al día de hoy es incertidumbre. Para esta coyuntura lo medular es fijar una fecha de una elección presidencial en el calendario para saber a qué atenernos. No he dejado de recordar la inolvidable conversación con el expresidente Patricio Aylwin en Santiago de Chile en 2010, en la que me daba un consejo: «Aseguren una fecha y lo demás vendrá después. La salida para ustedes es esa, tener amarrada una fecha que comprometa a Chávez».»
---En su momento, la experiencia de la Concertación chilena fue observada por la oposición venezolana como un camino posible frente al régimen de Chávez. ¿Sigue siendo el ejemplo chileno una referencia para el antichavismo?
«La Concertación chilena tuvo su epicentro en la Colonia Tovar, un paraje cercano a Caracas. Y para que se diera ese encuentro ---prácticamente obligando a todos los líderes que se contradecían en Chile---, intervinieron expresidentes venezolanos como Carlos Andrés Pérez (1974-79 y 1989-93) y Luis Herrera Campíns (1979 y 1984), entre otros. Hasta que no deliberaran en una cabaña de la Colonia Tovar, no iban a regresar a Chile, como finalmente ocurrió.
Cuando estuve en esa conversación con el expresidente Patricio Aylwin en Santiago, que fue después del terremoto, fue una conversación de más de una hora y media en su casa y yo le pregunté: «Presidente, ¿cómo hicieron ustedes los chilenos para poder ponerse de acuerdo si eran tan diversos, tan plurales?». Y a mí todavía me retumba en la memoria una frase que me dio como consejo: «Para lograr la Concertación fue necesario a veces estar dispuestos a renunciar al derecho a tener razón». Creo que eso es un consejo lapidario.
Para lograr acuerdos, hay que tener la voluntad de admitir, como lo hizo María Corina, que no siendo la candidata presidencial en el 2024, terminó apoyando a Edmundo González Urrutia. Ella colocó por encima los intereses de Venezuela a su propio beneficio personal.»
Ahora bien, las transiciones realizadas en Chile, España, Brasil, Paraguay o en Sudáfrica son espejos para mirarnos, son referentes a tomar en cuenta, pero ningún modelo de transición se puede calcar, siempre habrá un contraste. Por ejemplo, Francisco Franco murió en el poder y dejó un rey; Maduro está preso y dejó un presidente electo que es desconocido ---González Urrutia---, cuando debería ser la figura clave para una transición hacia la democracia auténtica. En Chile había una dictadura, pero a diferencia del caso de Venezuela, nunca se dijo que los mandos militares estaban coludidos con el narcotráfico. En Sudáfrica, Nelson Mandela se dispuso a dialogar con el régimen que representaba Frederik de Klerk, pero condicionado a la liberación de los presos políticos y al retorno de los líderes del Congreso de su partido.
---Hasta ahora no se conocen detalles sobre cómo se desarrollarán los diálogos entre la oposición y el chavismo. ¿Qué efecto puede tener la falta de una hoja de ruta clara en la credibilidad del proceso?
«A diferencia de los múltiples diálogos fallidos de años anteriores, hoy hay una tutoría que ejerce EE.UU., pero eso no evita que flote la duda en una atmósfera de poca credibilidad porque, al fin y al cabo, son los mismos actores de la misma dictadura. Sobremanera, Jorge Rodríguez, el mismo maromero de los anteriores procesos de diálogo en los que ha jugado como versátil y eficaz moderador.
La más reciente trastada ocurrió en el diálogo de Barbados, de donde surgió un pliego de acuerdos que no tardaron en violar, inhabilitando a María Corina Machado, ungida en elecciones primarias ---con el 93% de los sufragantes--- como nuestra abanderada presidencial, y seguidamente robándose el mandato dictado por más de 7 millones de ciudadanos que eligieron a Edmundo González Urrutia como presidente en los controvertidos comicios del 28 de julio de 2024.
Otra cosa: hay negociaciones en las que se impone la necesidad de exigir adelantos o prendas, que vendrían a ser gestos de buena fe. En este caso sería comenzar por liberar a todos los presos políticos y garantizar el retorno seguro de los exiliados.»
---Se confirmó que dentro del equipo negociador por parte de la oposición los representantes serán exdiputados de la Asamblea de 2015. ¿Qué opina de estos dirigentes convocados?
«Se trata de figuras que no fueron seleccionadas ni por María Corina Machado ni por Edmundo González, los dos líderes legítimos que la inmensa mayoría de los venezolanos nos hemos dado. Es entendible entonces que hay una falla de origen que se mezcla con la representación de un régimen que tampoco goza de legitimidad de origen.»
---¿La ausencia de María Corina Machado en la mesa de diálogo puede convertirse en un factor que debilite el proceso?
«La presencia de María Corina es esencial, y no se trata de vanidad, ni mucho menos de soberbia. Hay que comprender que María Corina ha sido protagonista a la hora de luchar por estandartes colectivos, no en pos de objetivos personales. Recordemos que a ella le impidieron ser candidata presidencial para el proceso del 28 de julio; sin embargo, ella fue clave y determinante en la campaña victoriosa de Edmundo González.
María Corina no solo posee un rango de dirigente; en su caso, se trata de una persona que tiene una jerarquía bien ganada que la convierte en depositaria de un gigantesco respeto y admiración de los venezolanos. Por eso es inconcebible que a ella no se le haya consultado el comienzo y desenlace de esa trama. Es como si a un chileno le ofrecen una empanada de pino, pero sin pino.»
---Por último, ¿qué opinión tiene sobre la recomposición de los vínculos consulares que están explorando Venezuela y el gobierno de José Antonio Kast?
«Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa. Con esto quiero ubicar esas relaciones consulares como menesteres administrativos que imponen las circunstancias gravosas de la inmigración, pero la solución es que apuntemos a reivindicar las relaciones entre naciones democráticas.»