La mira de Rómulo Betancourt

Por Antonio Ledezma

La mira de Rómulo Betancourt

Hay advertencias históricas que el tiempo, en lugar de diluir, agiganta. Hoy, cuando América Latina padece las metástasis de un proyecto criminal de escala continental, resuena con vigencia estremecedora la mirada larga y nítida de Rómulo Betancourt. El fundador de la democracia venezolana captó, mucho antes que los refinados especialistas de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos, los genes terroristas y la naturaleza expansionista que anidaban en las andanzas de Fidel Castro y su camarilla comunistoide.

Basta con revisar y escuchar con atención aquella entrevista ---transmitida en 1978 por Venevisión y hoy aún disponible en redes--- que le hicieron al expresidente los periodistas Sofía Ímber y Carlos Rangel, autor del célebre ensayo Del buen salvaje al buen revolucionario. En esa conversación, Betancourt no habla desde meras suposiciones: da cuenta detallada de los planes concebidos por los hermanos Castro para tenderle al hemisferio una cerca de alambradas autoritarias. Era una estrategia fríamente calculada, cuyas estacas se hincaban en enclaves terroristas promovidos deliberadamente en Colombia, Panamá, El Salvador, Nicaragua, Guatemala, Perú, Bolivia y, por supuesto, Venezuela. En nuestra propia tierra, aquel movimiento guerrillero, romántico y alucinado, terminó aplastado por la firmeza de las fuerzas militares comandadas por el propio Betancourt y continuadas por su sucesor en la Presidencia de la República, Raúl Leoni.

Fidel Castro era un maestro de la simulación, un encantador de serpientes capaz de engañar incluso a los líderes más curtidos. Recuerdo nítidamente una anécdota que retrata esa capacidad de manipulación, colectiva y personal. Ocurrió cuando el expresidente Carlos Andrés Pérez se hallaba reducido a prisión domiciliaria en su residencia familiar “La Ahumada”. A un requerimiento suyo ---tras llamarme por teléfono para decirme “ven, para que conozcas a un personaje”---, me trasladé de inmediato. Al llegar, comprobé que el susodicho personaje no era otro que Gabriel García Márquez. Después de presentárnoslo, el presidente Pérez le reclamó al Nobel de Literatura en tono cordial pero firme: “Es que tú me dejaste solo en la tarea de meter a Fidel en el carril democrático”. En ese instante entendí la magnitud del engaño: a un líder con la inmensa experiencia política de Carlos Andrés Pérez, Fidel Castro le había hecho creer que abandonaría el maleficio del comunismo y que, de su mano, se incorporaría por fin al santuario de las democracias.

Lamentablemente, el zorro no muda los dientes ni el comunismo sus intenciones. Sesenta y siete años después ---muerto Fidel y relegado su hermano Raúl---, las imágenes fantasmagóricas de aquella era colonial-soviética siguen circulando en los mercadillos de los incautos, pero el daño estructural mutó en una ocupación real. Lo que comenzó como supuesta tutoría ideológica terminó en control total. El régimen cubano convirtió a Hugo Chávez y, después, a Nicolás Maduro en meros vicarios de sus intereses. Los servicios de inteligencia del G2 cubano penetraron las Fuerzas Armadas, las notarías, los registros públicos y los sistemas de identificación de Venezuela, manejando los hilos del poder central mientras succionaban la riqueza petrolera para mantener a flote la arruinada economía de La Habana.

Esa mezcla de debilidades occidentales, desatinos y una notable indolencia fue abriendo el boquete por donde se instalaron movimientos que terminaron legitimados en los foros mundiales. Bajo el manto de esa tolerancia culposa de la comunidad internacional, se montaron cárteles de narcotráfico, grupos dedicados al terrorismo, el secuestro, el sicariato, la extorsión y la trata de personas. Se crearon franquicias enteras para impulsar la economía oscura, con su consabida legitimación de capitales negros y, lo más delicado, el socavamiento sistemático de las instituciones democráticas allí donde fue posible.

Desde entonces, rusos, chinos e iraníes han abierto profundas zanjas para asentarse en nuestro propio ámbito geopolítico, usando el territorio nacional como una formidable base de operaciones de avanzada contra Occidente. Hoy las pruebas son abrumadoras y no dejan margen a la duda. Hemos pasado de las acciones guerrilleras urbanas que mataban policías en las calles de Caracas en los años sesenta, a ver la soberanía nacional completamente horadada. El Arco Minero del Orinoco se ha transformado en un enclave sin ley donde la extracción ilegal de oro y minerales estratégicos alimenta redes criminales, aparatos de poder y actores transnacionales. Investigaciones periodísticas y denuncias de organizaciones como SOS Orinoco han documentado la presencia operativa del Grupo Wagner y de estructuras rusas sucesoras vinculadas al Kremlin resguardando instalaciones clave, junto a la penetración de agentes iraníes de la Fuerza Quds, señalados en reportes periodísticos por operar bajo cobertura diplomática y articular redes aéreas, militares y tecnológicas con el régimen venezolano.

Aquellas veleidades y carantoñas que la miopía de la época catalogó condescendientemente como “pendejadas de unos muchachos deslumbrados por Fidel Castro” nos han colocado al borde del despeñadero: el suelo patrio hipotecado a potencias de factura iraní, rusa, china y cubana.

¿Se puede seguir siendo tan necio para no captar la advertencia, hoy más vigente que nunca, de Rómulo Betancourt? ¿De verdad creerán algunos analistas apoltronados de salón que la sombra de Manuel Marulanda y la deriva política de Gustavo Petro en Colombia, las fanfarronadas de Hugo Chávez, las burradas de Nicolás Maduro o las simulaciones y trampas de los hermanos Rodríguez (con el reciente homenaje póstumo a Fidel Castro incluido) son hechos inocuos e inofensivos para la estabilidad del hemisferio?

Todo indica que no. Es verdad que hoy exhibimos un extraordinario saldo de victorias democráticas sobre el comunismo en la región, pero la amenaza subyacente que motiva esta crónica no ha desaparecido. América Latina tiene todo lo que necesita Estados Unidos, y los latinoamericanos sabemos bien lo que juntos podemos hacer en beneficio mutuo. También lo saben los europeos ---de quienes provenimos ancestralmente--- y los asiáticos, que no dejan de sacar cuentas de cuánto tenemos en recursos naturales, talento humano y mercados potenciales.

Pero, mientras tanto, siguen ahí, incordiando y desestabilizando, los enclaves de Cuba, Nicaragua y Venezuela: tres territorios ocupados por élites corporativas que comparten la misma cartilla totalitaria, el mismo menú ideológico y los mismos pésimos resultados de siempre: miseria, injusticia, violencia, hambre y una pavorosa corrupción. La mira de Betancourt sigue apuntando al objetivo correcto; nos toca a nosotros tener la misma claridad y el mismo coraje para defender la libertad del continente.

Antonioledezma.net

Notas y fuentes precisadas

  1. Entrevista a Rómulo Betancourt (1978). Realizada por los periodistas Sofía Ímber y Carlos Rangel, transmitida por Venevisión. El video sigue disponible en redes: Sofía Ímber y Carlos Rangel entrevistan a Rómulo Betancourt, 10-05-1978. Sobre la advertencia de Betancourt sobre la dictadura de Fidel Castro, véase Diario las Américas.

  2. Carlos Rangel y Del buen salvaje al buen revolucionario. Ensayo publicado originalmente en 1976 (París, febrero de 1976; Caracas, 3 de mayo de 1976, Editorial Monte Ávila). Véase Wikipedia y la página de su hijo Carlos J. Rangel.

  3. Carlos Andrés Pérez y la finca “La Ahumada”. Trasladado a arresto domiciliario en su finca La Ahumada (El Hatillo) el 26 de julio de 1994; condenado en 1996 a dos años y cuatro meses. Véase El País, 28-07-1994 y Cidob.

  4. Grupo Wagner y el Arco Minero del Orinoco. Investigaciones periodísticas y de la ONG SOS Orinoco documentan la presencia de fuerzas rusas (Grupo Wagner) y la explotación criminal del Arco Minero. Véase Infobae, 26-09-2022 y Business & Human Rights Resource Centre.

  5. Fuerza Quds de Irán en Venezuela. Investigaciones periodísticas detallan la presencia de agentes de la Fuerza Quds (brazo exterior de la Guardia Revolucionaria) operando bajo cobertura diplomática en Caracas. Véase Diario las Américas, 24-12-2025 y La Tercera.