El legado y espíritu de Sájarov

Por Antonio Ledezma

Premio Sájarov - Reconocimiento a la lucha democrática

Premio Sájarov - Reconocimiento a la lucha democrática

“Cuando supe que María Corina Machado y Edmundo González Urrutia serían reconocidos con el Premio Sájarov por la Libertad de Conciencia, volví por un instante a diciembre de 2017, cuando tuve el honor de recibir ese mismo galardón junto a compañeros de lucha de la resistencia en Venezuela. Ese día, comprendí claramente que el Sájarov no es una medalla individual, sino un potente mensaje global de resistencia frente a la opresión.

El Premio Sájarov tiene un significado profundo que va más allá del reconocimiento personal: es la voz del mundo democrático resonando en defensa de los derechos fundamentales. Representa la solidaridad activa de quienes saben que la libertad es una tarea inacabada, que exige de todos una lucha diaria, persistente y, sobre todo, valiente.

Ahora que María Corina y Edmundo se suman a este legado, no puedo evitar reflexionar sobre la vigencia dolorosa de nuestra causa. Han pasado más de siete años desde que el Parlamento Europeo reconoció nuestra lucha, y sin embargo, seguimos enfrentando el mismo drama humano: presos políticos, hambre, represión y desesperanza. Este nuevo galardón nos obliga a preguntarnos qué hemos logrado y qué debemos aún conquistar para que Venezuela vuelva a ser libre.

Pienso en los nombres que nos preceden en este premio, en personas como Nelson Mandela o Nadia Murad, quienes se convirtieron en símbolos de resiliencia y dignidad. Pienso también en los héroes anónimos, esos venezolanos que cada día resisten la adversidad con una fuerza que a veces supera toda comprensión. A ellos les pertenece verdaderamente este reconocimiento.

Por eso, además de felicitar a María Corina y Edmundo, quisiera convocar a una reflexión profunda. El Sájarov no es solo un premio: es una interpelación a nuestra conciencia colectiva. Nos pregunta a cada uno qué estamos haciendo hoy, desde donde estemos, para transformar este reconocimiento en acción, para darle voz a quienes están silenciados, para ofrecer esperanza a quienes ya no creen en ella.

Hoy, más que nunca, debemos asumir la responsabilidad que este premio implica. Debemos convertirlo en una plataforma para que la comunidad internacional comprenda que en Venezuela no solo se juega la libertad de nuestro pueblo, sino también la fortaleza de principios universales que nos comprometen como humanidad.

Celebremos, sí, pero no olvidemos el imperativo ético que conlleva este galardón. Que sirva para renovar nuestra determinación, para exigirnos más, para no permitir que la lucha democrática se diluya en la rutina del exilio o en la comodidad del silencio.

Que el legado y espíritu de Sájarov nos mantenga siempre despiertos, y nos impulse a la acción definitiva: la lucha incansable por una Venezuela digna, justa y libre. ¡Hasta el final!”

Escucha mi discurso al recibir el premio.