En Bolivia, También

Por Antonio Ledezma

En Bolivia, También

La reciente jornada electoral en Bolivia ha marcado un hito en la historia democrática de América Latina. Más allá de los arrestos autoritarios desatados por el actual gobierno, la voluntad soberana de millones de bolivianos se ha impuesto con claridad, demostrando que la democracia, cuando se ejerce con determinación, es indoblegable. 

En un proceso que culminará en un balotaje dentro de dos meses, los ciudadanos han elegido a dos líderes con trayectorias sólidas: el expresidente Jorge “Tuto” Quiroga y el exalcalde Rodrigo Paz. Dos caras que contrastan con el populismo que también ha sido derrotado en Bolivia. Estas figuras, lejos de representar un retroceso, encarnan un mensaje claro de las mayorías: un anhelo por propuestas frescas, ejemplos inspiradores y un estilo político y conceptual, que se diferencia de las ofertas desgastadas de los competidores controlados por el oficialismo.

El resultado de estas elecciones no solo refleja una preferencia por liderazgos con experiencia, sino también un rotundo rechazo (90%) al proyecto socialista que, durante años, ha sido identificado con el expresidente Evo Morales y el actual mandatario boliviano, pese a sus aparentes diferencias o riñas que marcaron sus relaciones en esta justa electoral. Los bolivianos han hablado en las urnas, y su mensaje es inequívoco: quieren un futuro alineado con los valores democráticos, la justicia y la libertad.

Es imperativo destacar la fortaleza de las reservas de la democracia boliviana que afloraron en este proceso. También la capacidad organizativa de los ciudadanos que se movilizaron masivamente para acudir a los centros electorales a sufragar, y el rol crucial de los testigos de mesas que se consagraron a proteger, con un altísimo sentido de responsabilidad, las actas y, previamente, a vigilar la marcha de los procesos de votación y escrutinio, tareas que garantizaron la transparencia e invulnerabilidad del proceso en todas sus fases. Este esfuerzo colectivo aseguró que los resultados, conocidos de primera mano al iniciarse el conteo, fueran respetados y validados. Bolivia nos ofrece un ejemplo admirable de cómo la voluntad popular puede prevalecer frente a cualquier intento de manipulación.

El contraste con la situación en Venezuela es doloroso, pero aleccionador. Mientras en Bolivia se acata la voluntad soberana, en mi país, la dictadura de Nicolás Maduro, aún después de más de un año, se niega a reconocer su derrota electoral y persiste en el robo descarado de la soberanía popular que apostó por un definitivo cambio de régimen. Esta diferencia subraya la importancia de instituciones sólidas, que bien sabemos no existen en Venezuela, falencia que convierte en un desafío formidable la misión cumplida por una ciudadanía comprometida con la defensa de sus derechos, tal como lo vienen haciendo mujeres y hombres a lo largo de estas últimas 5 décadas en Venezuela.

Los dos candidatos que competirán en el balotaje boliviano, Tuto Quiroga y Rodrigo Paz, no solo representan una esperanza para Bolivia, sino que también son una nítida referencia para los venezolanos que luchamos por recuperar nuestra libertad. Ambos líderes están comprometidos con los principios democráticos y, de manera especial, con la causa de los millones de venezolanos que anhelamos un país libre, justo y próspero. Su victoria en las urnas es, a la vez, un triunfo clamoroso de la democracia, un recordatorio de que la voluntad del pueblo, cuando se organiza, lucha y protege, es insuperable.

Bolivia nos enseña que las batallas por la libertad y la democracia no es un salto al pasado, sino un paso firme hacia el futuro. Que este ejemplo inspire a los pueblos de la región y del mundo a seguir defendiendo, con valentía y organización, el sagrado derecho a decidir su destino.