¡Esto sí es traición a la Patria!

Por Antonio Ledezma

En esta era de populismo salvaje del siglo XXI, Venezuela ha sido testigo de una de las más flagrantes traiciones a su soberanía, su pueblo y su futuro. Las dictaduras de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, guiadas por las directrices de Fidel Castro, han actuado con una complacencia inaceptable frente a las autoridades de Guyana, cediendo espacios que legítimamente pretendemos recuperar. Según el Acuerdo de Ginebra, firmado el 17 de febrero de 1966 durante el gobierno de Raúl Leoni, lo pactado era resolver la controversia sobre el Esequibo de manera justa. Pues bien, ese trato ha sido traicionado por un régimen que ha permitido, e incluso facilitado, la exploración y explotación de recursos petrolíferos en áreas en disputa, en detrimento de los intereses nacionales. Mientras líderes como María Corina Machado han defendido con valentía y firmeza nuestra soberanía, el actual régimen ha optado por la sumisión, siguiendo los dictados de una agenda extranjera que poco tiene que ver con el bienestar de Venezuela. Es necesario recordar que, cuando España fundó la Capitanía General de Venezuela, el Esequibo formaba parte de la subentidad territorial y, tras obtener su independencia en 1811, Venezuela asumió su soberanía. La Guayana Esequiba es un territorio de 159.500 kilómetros cuadrados al oeste del río Esequibo. Para darnos una idea de su tamaño, es 1,5 veces más grande que la isla de Cuba y 3 veces más que Costa Rica.

Los venezolanos debemos saber, por ejemplo, que fueron Chávez y Maduro quienes realizaron diligencias para que Guyana pasara a ser miembro de los acuerdos de Petrocaribe a partir del año 2007. Sin embargo, en 1999, Guyana trazó una línea arbitraria de demarcación otorgando espacios marinos entre la Guayana Esequiba y la plataforma del Delta, es decir, en la Zona en Reclamación. En 2004, Chávez visitó Georgetown y anunció que “Venezuela no se opondrá a nada que impida el desarrollo de Guyana en áreas tan sensibles como la agricultura, minería y energía, siempre que sean de beneficio para la población”. En 2007, las tensiones políticas se acentuaron debido al temor de Chávez a la aplicación de la Carta Democrática Interamericana. Para contrarrestarlo, su régimen utilizó el petróleo para ganar adeptos entre los países miembros de la Comunidad del Caribe (CARICOM), articulados en Petrocaribe. En 2008, la empresa Exxon inició estudios preliminares y evaluaciones en la Zona en Reclamación, sin perforación de pozos, solo con información sísmica. En 2012, se otorgó el Bloque Stabroek de 75 mil kilómetros cuadrados a las compañías Exxon y Shell, y el Bloque Roraima de 13 mil kilómetros cuadrados a la empresa estadounidense Nadarco. Ese mismo año, el Bloque Boquerón fue otorgado a una empresa canadiense, que luego renunció a esa licencia.

Pero la deslealtad no termina ahí. El desmantelamiento de nuestra industria petrolera, pilar de la economía venezolana, es un delito contra la nación. Las refinerías nacionales, antaño joyas de la ingeniería y la productividad, han sido convertidas en chatarra por la negligencia, la corrupción y la incapacidad de este régimen. Peor aún, el parque refinador que Venezuela poseía en el exterior fue regalado o vendido a precio irrisorio, dilapidando activos que eran patrimonio de todos los venezolanos. Miles de millones de dólares han sido robados, despilfarrados o entregados a los aliados del régimen, mientras el pueblo sufre hambre, miseria y abandono.

Traición a la Patria es también haber convertido a Venezuela en un santuario para grupos guerrilleros, cárteles de droga, bandas delincuenciales y terroristas que amenazan no solo nuestra estabilidad, sino la seguridad de todo el hemisferio. Este régimen ha tejido alianzas oscuras que han transformado nuestro territorio en una guarida de criminales, comprometiendo la paz regional y exponiendo a nuestra nación al desprecio internacional.

Salir de este régimen no es solo una responsabilidad de los venezolanos; es una necesidad urgente para la comunidad internacional, que también ha sido víctima de los desafueros de esta dictadura. La lucha por recuperar nuestra soberanía, nuestra dignidad y nuestro futuro exige el compromiso de todos. No podemos permitir que la deslealtad a la Patria siga siendo el sello de un régimen que ha vendido el alma de Venezuela al mejor postor. Es hora de actuar, de unirnos y de restaurar el orgullo de ser venezolanos. ¡Por la libertad y por la Patria!