Los Sicarios de la Injusticia
• Por Antonio Ledezma
En las sombras de un régimen que se tambalea, los autoproclamados “jueces” de la dictadura desenfundan sus plumas como si fueran dagas, tejiendo expedientes falsos con hilos de mentiras. Su misión es siniestra: silenciar, aplastar, encarcelar. No son guardianes de la justicia, sino sicarios de la opresión, mercenarios de toga que ejecutan sentencias al servicio de un poder corrupto. Su sala de audiencias es un patíbulo donde la verdad es la primera víctima.
Merlys Oropeza, una voz valiente, es el rostro de esta infamia. El 9 de agosto de 2024, un mensaje en un estado de WhatsApp, una opinión sobre una jefa de calle del PSUV, bastó para que el Tribunal Tercero de Juicio de Maturín la condenara a una década tras las rejas. ¿Su delito? “Incitación al odio”, un eufemismo grotesco para castigar la libertad de pensar. Merlys, presa política, es una más en la larga lista de inocentes sacrificados en el altar de la tiranía, donde un comentario se convierte en crimen y la verdad en traición.
Estos jueces, cómplices de la dictadura, no solo encarcelan cuerpos; encadenan la esperanza. Fabrican expedientes con la precisión de un verdugo, pero su tinta no puede ocultar la sangre de la injusticia. Cada sentencia es un grito de advertencia: callar o sufrir. Sin embargo, en el corazón de los oprimidos, la resistencia sigue latiendo. Merlys y tantos otros no están solos; su lucha es la de un pueblo que, aun en la oscuridad, no olvida el rostro de la libertad.
Condenemos a estos sicarios de la injusticia, que visten de legalidad su traición. Que el mundo sepa que en Venezuela, la justicia no juzga: sentencia. Y que cada preso político es un recordatorio de que la lucha por la verdad no se rinde, ni en la celda más oscura.